La música se mira al espejo (y no le gusta lo que ve) en «Música por la igualdad»

La música se mira al espejo (y no le gusta lo que ve) en «Música por la igualdad»

20 de marzo de 2026 Desactivado Por Noe Amoretti

En una industria que vive acelerada, a golpe de algoritmo, sold out y ansiedad mal disimulada, hay citas que obligan a bajar el volumen —aunque sea solo un rato— para escuchar lo que de verdad importa

La segunda edición de «Música por la Igualdad”, celebrada este 19 de marzo en la sala Ramón Gómez de la Serna del Círculo de Bellas Artes, ha sido precisamente eso: una pausa incómoda, necesaria y, por momentos, demasiado honesta como para ignorarla.

Tras una primera edición con buena acogida en la sala de prensa del Movistar Arena, la iniciativa ha crecido en músculo y ambición. No era solo repetir la fórmula: era elevarla. Y lo ha hecho sumando a buena parte del ecosistema musical —desde gigantes como Sony Music o Warner Music Group hasta agentes independientes y asociaciones— en un intento bastante serio de dejar de hablar de igualdad como tendencia y empezar a tratarla como lo que es: una deuda estructural.

La jornada arrancó con una apertura institucional que evitó el piloto automático y dejó claro que aquí no se venía a posar, sino a incomodar si hacía falta. A partir de ahí, dos mesas redondas que funcionaron como bisturí y espejo.

La primera mesa, centrada en la salud mental, no se anduvo con rodeos

Moderada por la psicóloga Nerea Palomares, reunió voces que conocen el desgaste desde dentro: artistas, profesionales del sector y especialistas que pusieron palabras a lo que muchas veces se tapa con ruido. Ritmos de trabajo inhumanos, presión constante, precariedad emocional maquillada de vocación. La industria musical, ese lugar donde todo parece brillar… hasta que deja de hacerlo. Hubo una sensación compartida: llevamos años romantizando el aguante, cuando lo urgente es empezar a hablar de cuidado. Y no como concepto bonito, sino como práctica real.

La segunda mesa cambió el foco, pero no la intensidad

Igualdad de género y diversidad en los roles técnicos: ese backstage donde todavía cuesta encontrar nombres femeninos sin tener que rebuscar. Moderada por Julia Andreu, la conversación fue directa, sin paternalismos ni maquillaje. Se habló de sesgos, de redes de contratación cerradas, de la ausencia de referentes y de cómo el talento sigue teniendo género cuando no debería. Pero también hubo espacio para propuestas, para soluciones concretas y para algo más difícil: asumir responsabilidades sin escudarse en la inercia del sector.

El cierre corrió a cargo de la Asociación Mujeres en la Industria de la Música (MIM), que aportó datos —fríos, pero necesarios— sobre el estado actual de la industria. Porque si algo quedó claro durante toda la jornada es que sin números no hay relato que aguante, y sin relato, no hay cambio.

Y sí, hubo cóctel. Pero más allá del networking de rigor, lo que flotaba en el ambiente no era solo tarjeta intercambiada y sonrisa profesional: era cierta incomodidad productiva. De esa que, si se gestiona bien, mueve cosas.

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“Música por la Igualdad” no viene a salvar la industria, tampoco pretende hacerlo

Pero sí se está consolidando como ese espacio donde, al menos, se dicen en voz alta las preguntas que muchos prefieren seguir susurrando. Y en un sector experto en amplificarlo todo menos sus propias contradicciones, eso ya es bastante.