Valeria Castro convierte el Movistar Arena en un refugio emocional
14 de enero de 2026Valeria Castro logró algo que no está al alcance de cualquiera: transformar el Movistar Arena de Madrid, uno de los recintos más grandes del país, en un espacio íntimo donde cada canción sonó como un secreto compartido
Con todas las entradas agotadas y un público completamente entregado, la artista canaria firmó uno de los conciertos más importantes —y emocionales— de su carrera.
Desde los primeros minutos quedó claro que no sería una noche al uso. Castro apareció serena, consciente del peso simbólico del momento, y abrió el concierto marcando el tono de lo que vendría después: una travesía honesta por la fragilidad, la resistencia y la reconstrucción personal. El repertorio combinó canciones de su último trabajo, El cuerpo después de todo, con temas ya imprescindibles de su trayectoria como cuídate, poquito, chiquita o la corriente, todas recibidas con un respeto casi religioso.
Uno de los grandes aciertos del concierto fue su narrativa emocional. Valeria no se limitó a cantar: habló, explicó, se mostró. Compartió con el público el proceso vital que la llevó a parar, a recomponerse y a volver a los escenarios desde un lugar más consciente. Vestida de blanco y acompañada por una banda sólida y sensible, la puesta en escena reforzaba esa sensación de ritual colectivo, de celebración de la vulnerabilidad sin dramatismos.
La noche estuvo marcada también por colaboraciones muy especiales. Aida y Olaia de Tanxugueiras irrumpieron en el escenario para interpretar juntas Hoxe, mañá e sempre, desatando una de las ovaciones más intensas del concierto y subrayando la complicidad entre proyectos que comparten raíz, identidad y fuerza femenina. Más adelante, Eva Amaral apareció como invitada sorpresa, visiblemente emocionada, para cantar El universo sobre mí, en un dueto que emocionó por lo simbólico y por la naturalidad con la que ambas compartieron escenario.
Hubo momentos de cercanía absoluta, como cuando Valeria bajó a cantar entre el público, rompiendo la barrera física del escenario, o cuando dedicó La raíz a La Palma, su tierra, recordando de dónde viene y por qué canta. El cierre, con Sentimentalmente y una atmósfera casi festiva, dejó al recinto iluminado por miles de móviles y emociones a flor de piel.
Más que un concierto, lo del 9 de enero fue una declaración: Valeria Castro no solo está de vuelta, sino que lo hace con una voz más firme, más honesta y profundamente conectada con quienes la escuchan. Y Madrid fue testigo de ello.



